martes, abril 07, 2015

El Reform Club y el ministro Varoufakis


El Reform Club impide la entrada al ministro de finanzas griego Yanis Varoufakis


REFORM CLUB


Fundado en 1836 por Edward Ellice, el londinense Reform Club es uno de los clubs de caballeros más exclusivos y tradicionales. Situado en el nº 104 de Pall Mall, el edificio es obra del arquitecto británico Charles Barry, quien se inspiró en el Palacio Farnesio de Roma para su construcción. Nació como lugar de encuentro para Radicales y Whigs donde podían desarrollar sus actividades políticas, embrión de lo que sería el Partido Liberal. A partir del primer cuarto del siglo XX, este fin político fue siendo sustituido por una función puramente social.




A lo largo de su historia, en sus filas ha contado con distinguidos miembros de la talla de Winston Churchill, Sir Arthur Conan Doyle, H.G.Wells o Henri Cartier Bresson. En 1981 se convertía en el primer club de este tipo en aceptar mujeres en plena igualdad de condiciones. Su magia y su elitismo no han pasado desapercibido para algunas importantes producciones de ficción, como La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne o la película Muere otro día de James Bond. En la primera, es el escenario donde el caballero inglés Phileas Fogg apuesta la mitad de su fortuna a que es capaz de dar la vuelta al mundo en ochenta días. En la segunda, tiene lugar un duelo de esgrima protagonizado por el agente 007, esta vez encarnado por Pierce Brosnan.




Estos antecedentes ayudan a entender lo que aconteció el pasado mes de febrero. Lord Lamont, ministro de economía en el gabinete del conservador John Major, invitó a desayunar en Londres a su viejo amigo, Yanis Varoufakis, actual ministro de finanzas griego y aficionado a prescindir de la corbata. Pero pasaron por alto un detalle, en el Reform Club, donde se dirigieron, está prohibida la entrada sin este complemento, seas quien seas. Y así fue, tuvieron que cambiar sus planes e ir al vecino Hotel Sofitel, lujoso pero más desenfadado, no sin antes tratar de convencer en el exclusivo club que se trataba de una costumbre helena.

Sin duda, un perfecto ejemplo de que los británicos no gastan bromas con las tradiciones y el dress code, algo muy digno de admiración en los tiempos que corren. Uno debe tener en cuenta que no se puede ir vestido de cualquier forma a determinados lugares y actos, máxime si eres ministro de un país.


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