lunes, diciembre 14, 2020

Chaquetas de Tweed: Gun Club Check

 

Drake's 

Seguramente el Tweed sea uno de los tejidos básicos que no deberían faltar en todo vestuario masculino que se precie. De origen escocés y confeccionado a partir de lana, destaca especialmente por su durabilidad y resistencia, lo que le convierte en ideal para la temporada de otoño/invierno. Fueron numerosos los nobles ingleses que a comienzos del siglo XIX decidieron comprar propiedades en las Highlands para pasar los veranos, poniéndose de moda que cada propiedad se identificara con un tweed determinado, ya que no tenían derecho a un tartán como los clanes escoceses. Un elemento de pertenencia o distintivo, al igual que sucedía con las corbatas conocidas como Regimental que identificaban a los miembros de un regimiento o club concreto. 

 

Tweed.se

En mi opinión, dos o tres chaquetas de tweed no deberían faltar en nuestro armario. Junto a una básica de espiga, verde o gris, o una en Harris Tweed, no debería faltar bien una pata de gallo (Houndstooth) o bien una de pequeños cuadros Gun Club Check. Parece ser que este último diseño nació en 1846 a partir de una variación que la Finca Coigach hizo del clásico tweed Shepherd, siendo adoptado este patrón casi 30 años más tarde por un club de tiro de Estados Unidos. Y de ahí vendría su nombre. Si bien las variaciones cromáticas posibles son casi inagotables, su diseño o patrón es muy característico. 

 

O'Connell's

A la hora de combinar, si a priori una chaqueta de tweed es particularmente versátil, una Gun Club Check puede serlo incluso más si cabe gracias a su diseño de pequeños cuadros. Perfecta con unos pantalones de franela con o sin corbata, o con unos pantalones vaqueros y suéter. Asimismo, es un motivo acertado para otras prendas como por ejemplo un abrigo. 

 

Drake's


jueves, diciembre 03, 2020

Logo sí, Logo no


 

El logotipo o logo de una marca es seguramente uno de los mejores reclamos para captar compradores, un modo de hacer partícipe al cliente en todo aquello que esta representa, una suerte de orgullo de pertenencia que se termina traduciendo en una pretendida demostración de estatus o vanidad. Se trata de un fenómeno especialmente intenso entre el público más joven, ávido de lucir el emblema de su marca favorita, y cuánto más grande, mucho mejor. 

Pecados de juventud, que no dejan de ser comportamientos lógicos y propios de la edad. Sin embargo, a medida que se van cumpliendo años, la madurez termina por imponerse, o debería, y esto se ha de hacer patente en el vestir y en el guardarropa. Por poner un ejemplo, la preferencia por una camisa MTO o bespoke, antes que por una RTW, que por llevar la etiqueta o logo de turno (dependerá evidentemente del tejido escogido), si te descuidas acaba encima siendo más cara. Alcanzada la treintena, si quieres ostentar un emblema, que sean tus iniciales.

Como he manifestado en no pocas ocasiones, los logotipos deben quedar reducidos a las piezas más informales. Hay firmas que se empeñan en que no haya duda de su sello, no tiene bastante con ellos, invadiendo costuras y tapetas con sus colores identitarios, desvirtuando por completo la prenda en cuestión. Personalmente, reconozco que son los polos de manga corta, concretamente los de Ralph Lauren, de mis contadísimas renuncias. 

Mi consejo es que si optas por llevar logo, que sea lo más pequeño o sutil posible, que no disfrute de excesivo protagonismo. Hay pocas cosas tan parodiables y desafortunadas, que un hombre ya talludo combinando logotipos y colores exagerados a modo de anuncio ambulante, encantado de haberse conocido y dejando constancia inequívoca de la procedencia de su atuendo.